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Fritz haber - Biografía

Criminal de guerra y Premio Nobel

 

Al finalizar la guerra Haber fue «desmovilizado» y tuvo que volver a encontrar su camino en la vida civil; él también padeció la humillación que el Tratado de Versalles imponía a todos los alemanes. (...) Cuando su nombre apareció en la lista de criminales de guerra para extraditarlo y procesarlo, su seguridad se vio amenazada; durante un breve periodo de tiempo, buscó asilo en Suiza. En aquellos días, ni siquiera una carta del ministro de Guerra, Heinrich Scheüch, donde admitía la dimisión de Haber, le otorgó consuelo:

 

Durante el largo transcurso de la guerra, pusiste sin descanso tu amplio conocimiento y tu energía al servicio de la patria. Gracias a la alta estima de tus colegas, fuiste capaz de movilizar al mundo de la química alemana. Alemania no estaba predestinada a salir victoriosa de esta guerra. Que no sucumbiera ya durante los primeros meses ante la superioridad de los enemigos por escasez de municiones, dinamita y otros compuestos químicos de nitrógeno lo debemos, en primer lugar, a ti [...]. Tus brillantes éxitos vivirán para siempre en la historia y seguirán siendo [...] inolvidables. (Heinrich Scheüch a Haber, 27 de noviembre de 1918)[1].

 

La derrota alemana afectó duramente a Haber, quien pasó algunos meses con problemas de nervios. Además, su destacado papel en el desarrollo de la guerra química hizo que durante algunos años numerosos colegas de otros países intentaran evitarle, más aún en tanto que no renegó de las actividades que había desempeñado en defensa de su patria[2]. El 7 de febrero de 1920, los aliados presentaban una lista de “criminales de guerra”, 194 páginas con 895 nombres. La lista incluía, entre príncipes, líderes del Ejército, como Hindenburg y Ludendorff y comandantes de submarinos, al capitán y Consejero Privado del Estado, profesor Fritz Haber[3].

A pesar de esto, en 1918 Haber recibió el premio Nobel de Química por su contribución a la síntesis del amoniaco. La Academia Sueca de Ciencias calificó la síntesis del amoniaco, “un medio extraordinariamente importante para el desarrollo de la agricultura y el bienestar de la humanidad”, y felicitaba al profesor alemán por este “triunfo en el servicio de su país y de la humanidad”[3].

 

 

 

 

 

16. Firma de F. Haber (1918)

 

 

 

 

 

 

 

17. Retrato de F. Haber

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18. F. Haber

La entrega del premio Nobel se realizó dos años después del correspondiente al premio, es decir, en 1920. Las dificultades en Europa, que acababa de salir de una gran guerra, debieron ser el motivo de tal retraso ya que si se observan las fechas de lectura de los discursos de aceptación de esos años vemos que para el premio Nobel de química de 1915, concedido a Richard Willstätter, el discurso de aceptación fue leído el 3 de junio de 1920. En los años 1916 y 1917 el premio de química no fue concedido. El discurso de aceptación del premio Nobel de 1918 fue leído por Haber el 2 de junio de 1920[4], mientras que en 1919 no se concedió el premio Nobel de química. En 1920 el premio Nobel fue concedido a Walther Nernst, pero su discurso de aceptación fue leído a finales de 1921. El retraso en la lectura de aceptación del premio continuó hasta 1922, año en que se leyeron los discursos correspondientes a 1921 y 1922[5]. Como podemos ver los premiados de esos años eran alemanes, amigos o colegas de Haber. Acaso el hecho de que sean alemanes, participantes activos en la guerra (al menos Haber y Nernst) fuera también motivo del retraso en la lectura del discurso de aceptación del Nobel.

 Por su parte, en su discurso de aceptación[6] del premio Nobel, Haber pronunció las siguientes palabras:

 

Un interés profesional particular en la obtención del amoniaco a partir de sus elementos, buscaba el logro de un resultado simple por medio de un equipo especial. Un interés más amplio se debía a que, si se realizara la síntesis del amoniaco a partir de sus elementos, en gran escala, tendríamos una forma útil de satisfacer importantes necesidades económicas. Tales aplicaciones prácticas no fueron el propósito principal de mis investigaciones. Por otra parte, difícilmente me hubiese concentrado tanto en este problema, si no hubiese estado convencido de la necesidad económica del avance químico en este campo, y si no hubiese compartido plenamente la convicción de Fichte que, mientras que el objetivo inmediato de la ciencia es su propio desarrollo, su fin último debe estar ligado a la influencia moldeadora que ejerce, en el momento oportuno, sobre la vida en general y sobre toda organización humana de las cosas que nos rodean[7].

 


[1] Stern, F. (2003), p. 137.

[2] Sánchez Ron, J. M. (1992), p. 273.

[3] Ibídem, p. 232.

[4] Apenas cuatro meses después de que apareciera su nombre en la lista de criminales de guerra.

[5] Nobel e-Museum. (2002).

[6] El discurso de aceptación del premio Nobel aparece completo en

     http://nobelprize.org/chemistry/laureates/1918/haber-lecture.html

[7] Quílez, J., Lorente, S., Sendra, F., Chorro, F. y Enciso, E. (1998), p. 316.

 

 

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©Felipe Moreno Romero

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