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Fritz haber - Biografía

El destierro

 

Con la llegada de Adolf Hitler al poder (el 30 de enero de 1933) el antisemitismo se oficializa. El 7 de abril se promulgaba la famosa “Ley de restauración de la carrera del funcionario” (...), con la que de hecho se pretendía purgar todas las escalas de funcionarios, profesores universitarios incluidos, por supuesto. El parágrafo número 3 (popularmente conocido como “Arierparagraph”) era el que se refería a los no-arios:

 

(1) Serán apartados de sus puestos todos los funcionarios que no sean de origen ario. En lo que se refiere a los funcionarios honorarios, serán apartados de todo tipo de funciones oficiales.

(2) El parágrafo (1) no se aplicará a aquellos funcionarios que lo fuesen el 1 de agosto de 1914, o que luchasen en el frente defendiendo al Imperio Alemán o a sus aliados durante la Guerra, o cuyos padres o hijos cayesen en la Guerra[1].

 

Obviamente, Haber constituía una de las excepciones previstas por la ley del 7 de abril; sin embargo, él no quiso utilizar tal posibilidad y el 20 de abril dirigía la siguiente carta al ministro para la Ciencia, arte y educación:

 

Honorable señor:

Por la presente le solicito respetuosamente mi jubilación, con fecha del 1 de octubre de 1933, de mi puesto en Prusia de director de uno de los Institutos Kaiser Guillermo, así como de mi, secundario, puesto de catedrático en la Universidad de Berlín. De acuerdo con las previsiones de la Ley para Empleados Gubernamentales del 7 de abril de 1933, que se ordenó fuese aplicada a los Institutos de la Sociedad Kaiser Guillermo, tengo derecho a conservar mi puesto a pesar de ser descendiente de abuelos y padres judíos. Sin embargo, no deseo aprovecharme de este permiso más allá de lo que sea necesario para abandonar de manera ordenada los deberes científicos y administrativos de mis puestos.

Mi solicitud es similar en su contenido a la que han dirigido al presidente de la Sociedad Kaiser Guillermo los profesores H. Freundlich y M. Polanyi, miembros científicos y directores de división del Instituto Kaiser Guillermo de Química Física y Electroquímica. Recomendé que se aceptasen estas solicitudes.

Mi decisión de pedir la jubilación ha surgido del contraste entre la tradición investigadora en la que he vivido hasta ahora y los puntos de vista diferentes que usted, Sr. Ministro, y su Ministerio defienden como protagonistas del actual gran movimiento nacional. En mi puesto científico, mi tradición exige que al escoger mis colaboradores tenga en cuenta solamente las cualificaciones profesionales de los solicitantes, independientemente de sus ascendientes raciales. No esperará usted que de un hombre de 65 años el que altere la forma de pensar que le ha guiado durante los últimos 39 años de su vida universitaria, y comprenderá que el orgullo con el que ha servido toda su vida a su patria alemana le dicta ahora esta solicitud de jubilación.

      Respetuosamente

      F. Haber[2]

 

Un día después de recibir la carta, el ministro Bernhard Rust tuvo la siguiente reacción en un acto público:

 

¡Estudiantes y profesores alemanes!

No culpo en absoluto a los caballeros que no son de origen ario por intentar, siguiendo el instinto de su sangre, emplear a aquellos instructores y ayudantes que les son más cercanos por sangre. Pero yo no lo puedo permitir. Y cuando un muy conocido profesor del Instituto Kaiser Guillermo me escribe ayer diciéndome que él no va a someterse en modo alguno a que se le dicte la composición del grupo de investigación que él ha creado, yo debo declarar que no estoy autorizado a no llevar a la práctica leyes que el pueblo alemán se ha dado a sí mismo a través del Gobierno del Reich. En el futuro, la generación que surja en las universidades debe ser aria o todo habrá sido inútil. Personalmente simpatizo profundamente con la tragedia de la gente que en lo profundo de sí mismos quieren considerarse miembros de la comunidad de personas alemanas, y que han aportado su trabajo a ella. No hay nada más duro para mí que tener que firmar con mi nombre la jubilación de hombres que como individuos a menudo no me han dado motivo para hacer tal cosa. Pero se debe mantener el principio en beneficio del futuro. Cuando hayamos establecido una vez más... entre los dirigentes y los dirigidos en las Universidades alemanas la misma relación que existe en el pueblo alemán entre no arios y arios, entonces, señores, no habrá más guerra racial en Alemania. Entiéndanme correctamente: detendremos la guerra de esa manera, porque habremos reestablecido la relación adecuada[3].

 

Planck, uno de los pocos colegas de Haber preocupado por el apuro que estaba pasando, le escribió en agosto de 1933 diciéndole que no podría imaginarse los sentimientos más íntimos de Haber: «Porque el mero intento suscita una rebelión de mi corazón. En este profundo abatimiento, mi único consuelo es que estamos viviendo una época de catástrofe como las que aguardan a cualquier revolución y que debemos soportar gran parte de lo que está sucediendo como un fenómeno de la naturaleza, sin rompernos demasiado la cabeza preguntándonos si las cosas podrían haber sido de otro modo». (...) Planck, como presidente de la Sociedad Káiser Guillermo solicitó una entrevista con Hitler (...). Planck quiso proteger a Haber y a otros judíos “valiosos”, pero tuvo que conformarse con esperar que el régimen fuera generoso con la Sociedad Káiser Guillermo en otros ámbitos[4].

 

24. Fritz Haber

 

 Mientras tanto, durante esos días aciagos para él, Haber visitó España. En “Cincel, martillo y piedra” de J. M. Sánchez Ron podemos encontrar información al respecto:

 

    Como preparación del Congreso[5], del 9 al 20 de agosto de 1933 se celebró una Reunión Internacional de Ciencias Químicas en la Universidad de Verano de Santander, (...). En esta Reunión participaron destacados especialistas españoles y extranjeros; entre los primeros cabe citar a Ángel del Campo, Obdulio Fernández, Antonio Madinaveitia y Moles [Enrique]; y entre los segundos a los premios Nobel de Química Fritz Haber y Richard Willstätter, y a H. Von Euler y George Barger. Es interesante reproducir algunos fragmentos de las memorias de Willstätter (1965) en los que comentaba sus vivencias en Santander. (...):

Comíamos [desgraciadamente] y nos alojábamos en el que había sido palacio real... Un sendero real descendía a una bahía, con una playa muy pequeña pero convenientemente cercana. El baño era habitualmente exquisito. Una procesión de torpederos patrullaban la entrada de la bahía...

Algunos de nosotros, como H. Von Euler y G. Barger, dimos series de conferencias que fueron impresas en español. Otros habían sido invitados solamente para discutir el programa de la reunión de Química de Madrid y se limitaron a dar una sola conferencia como compensación por sus gastos de viaje. Fue costoso para el Gobierno, ¡pero mucho más barato que incluso un solo cañón! Las audiencias eran muy pequeñas, ya que ninguno de nosotros sabíamos hablar el español.

Como resultado de comer alimentos prohibidos en mi dieta sufrí un severo ataque de gota durante mi curso...

Ésta fue una de las últimas veces que vi a Fritz Haber... La vida de Haber pendía de un delgado hilo. Se tomó su conferencia muy seriamente y trabajó con ella conmigo hasta tarde en la noche, a pesar de que la audiencia no era otra que un pequeño grupo de colegas cuya cortesía les obligaba a ir a una pequeña y calurosa sala de conferencias, ya que la mayoría de ellos no hablaban alemán. Uno de los pocos oyentes que hablaba alemán solía ponerse a dormir siempre que no le tocaba hablar a él. Mi pobre amigo tomó medicamentos antes de la hora a la que le tocaba dar la conferencia, pero incluso así no pudo librarse de uno de sus espasmos al corazón; se derrumbó, tomó la nitroglicerina que tenía siempre preparada y, jadeando y temblando, terminó como pudo su conferencia[6].

 

La solicitud de Haber (su dimisión) le fue concedida en octubre[6]. Tras abandonar sus puestos en Alemania, Fritz Haber se trasladó a Inglaterra, invitado por la Universidad de Cambridge[7]. Aparentemente, ni el ambiente ni el clima ayudaron a levantar su estado anímico y energías[8]. Se fue a Suiza para estar más cerca de Alemania y allí se murió algunos meses más tarde completamente desesperado[9]. Fritz Haber murió el 29 de enero de 1934, a la edad de 65 años, cuando se dirigía a Basilea en busca de reposo.

 

Haber vivió para la ciencia, por su propia causa y por la influencia que tiene en moldear la vida, la cultura y la civilización humana. Poseyó un conocimiento asombroso de la política, historia, economía, ciencia e industria y pudo haber tenido éxito en cualquiera de estos campos. Dio la bienvenida a sus responsabilidades administrativas además de realizar sus trabajos de investigación. Siempre accesible y cortesano, estaba interesado en todo tipo de problemas. Una característica valiosa en los coloquios que llevó a cabo en su Instituto era su capacidad de clarificar, en algunas oraciones, las oscuridades de una discusión científica. Su talento organizador le hizo director modelo de una gran institución, en la cual permitió completa libertad para sus colaboradores subordinados manteniendo, sin embargo, un control notable sobre las actividades del Instituto en su totalidad. Hombre de personalidad poderosa, dejó una duradera impresión en las mentes de todos sus asociados.

Aparte del premio Nobel, Haber recibió muchos honores durante su vida. Por instigación de Max von Laue, el Instituto de Física y Electroquímica de Berlín-Dahlem fue renombrado como el Instituto Fritz Haber después de su muerte[10].

 

Además, sobre las acciones de Max von Laue después de la muerte de Haber tenemos más información en el texto de Fritz Stern:

 

A instancias de Max von Laue, decidió organizar un acto en memoria de Fritz Haber un año después de su muerte en el exilio, en enero de 1934. El gobierno y el Partido Nazi quisieron impedir una ceremonia pública de tales características y, en todo caso, prohibieron la asistencia a los funcionarios. (...) A pesar de todo, (...) el acto se celebró con gran solemnidad en la Casa Harnack. La sala estaba llena y asistieron muchas mujeres representando a sus maridos, que tenían prohibido acudir o sentían miedo. Otto Hahn pronunció el discurso principal y también leyó un texto del químico Karl Friedrich Bonhoeffer, el leal alumno de Haber que, en tanto funcionario académico, tenía prohibida la participación. Al final de la conmovedora ceremonia, Planck declaró: «Haber mantuvo su lealtad hacia nosotros; nosotros debemos mantener nuestra lealtad hacia él» (18 de enero de 1934)[11].

 

 

25 y 26. Dos sellos conmemorativos dedicados a Fritz Haber.

 

[1] Sánchez Ron, J. M. (1992), pp. 272-273.

[2] Ibídem, pp- 273-274.

[3] Sánchez Ron, J. M. (1992), pp. 274-275.

[4] Stern, F. (2003), p. 65-66.

[5] Preparación del IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada, que se celebró en Madrid del 5 al 11 de abril de 1934. (Según podemos ver un poco más arriba del texto citado aquí).

[6] Sánchez Ron, J. M. (1999), pp. 245-246.

[7] La invitación fue realizada por Sir William Pope. [Nobel e-Museum. (2002)]

[8] Sánchez Ron, J. M. (1992), p. 275.

[9] Asimov, I. (1987), Vol 3, p. 769.

[10] Se trata de una traducción mía del semblante publicado en “Nobel Lectures, Chemistry 1901-1921, Elsevier Publishing Company, Amsterdam, 1966 [Nobel e-Museum. (2002)]

[11] Stern, F. (2003), pp. 66-67.

 

 

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©Felipe Moreno Romero

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