Nota VIII

El planeta Urano fue descubierto por William Herschel utilizando para ello un telescopio construido por él mismo. Fue el primer planeta descubierto en tiempos históricos, aunque antes de W. Herschell había sido observado y confundido con estrellas en muchas ocasiones. El registro más antiguo que se encuentra de él se debe a John Flamsteed, quién lo catalogó como la estrella 34 Tauri en 1690.

Cuando se pudo estudiar la órbita de Urano se constató que la órbita calculada no correspondía exactamente con la observada, es decir no correspondía lo que predecía la ley de Newton (y por ende las leyes de Kepler) con lo que en realidad se observaba. Una de las explicaciones que se dio a esta discordancia fue la existencia de otro planeta más allá de su órbita y que estaba aún por descubrir. Adams y Le Verrier, de forma independiente, calcularon la posición de ese otro planeta, Neptuno, que encontró Galle el 23 de septiembre de 1846, a menos de un grado de la posición calculada por Adams y Le Verrier. Más tarde, se advirtió que Galileo ya había observado Neptuno en 1611, pero lo había tomado por una estrella.

Nuevamente, durante la segunda mitad del siglo XX, al estudiar las órbitas de Urano y Neptuno los astrónomos llegaron a la conclusión de que las órbitas teóricas presentaban irregularidades respecto de las reales y que sólo podían ser explicadas por la atracción de gravitacional de un noveno planeta. Trabajo costó encontrar a ese noveno planeta (Plutón) ya que es mucho más pequeño como para poder explicar las irregularidades de las órbitas de Neptuno o Urano.

 

       

©Felipe Moreno Romero

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