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¿Qué ve un observador terrestre?

Hasta ahora todas las explicaciones en las nociones fundamentales se han realizado desde el punto de vista de un observador situado fuera de la Tierra, desde un punto lejano que le permite contemplar todo el planeta girar sobre su propio eje mientras se traslada alrededor del Sol. Pero, ¿cómo ve todo esto un observador situado en la superficie de la Tierra?

En nuestro caso vamos a fijarnos en un observador del hemisferio Norte, situado por encima del trópico de Cáncer. Concretamente en Villanueva del Arzobispo (Jaén, España), a una latitud de 38,1º N y una longitud de 3,0º O. Como cualquier habitante del planeta, el observador verá que el Sol sale todos los días por el Este y que se pone por el Oeste. El recorrido que hace el Sol por el cielo durante el día (la eclíptica) tiene la forma de un arco que está ladeado hacia el Sur, que es hacia donde está mirando cuando quiere ver el Sol en el punto más alto del cielo, al mediodía. Ahora bien, a lo largo de un año, observa como la altura del Sol a mediodía es diferente, y también que el punto desde donde sale y desde donde se pone va cambiando (figura nº 6).
 

Fig. 6. En el hemisferio Norte: posición del Sol sobre el horizonte y altura del mismo al mediodía durante los solsticios y equinoccios.

 

Efectivamente, el Sol sale exactamente por el Este y se pone exactamente por el Oeste el 23 de septiembre. Después observa como los puntos del orto y del ocaso del Sol se van acercando hacia el Sur hasta que llega el 21 de diciembre, que es el día en que dichos puntos están lo más alejados posible del Este. A partir del 22 de diciembre los puntos de salida y puesta del sol vuelven a acercarse hacia los puntos cardinales, llegando a estos el 21 de marzo, en el equinoccio de primavera. Ahora, a partir del 21 de marzo, las salidas y puestas del Sol empiezan otra vez a alejarse del Este y del Oeste, pero esta vez se alejan hacia el Norte. El máximo alejamiento de los puntos cardinales hacia el Norte se produce el 21 de junio, día a partir del cual las salidas y puestas vuelven a acercarse hacia los puntos cardinales Este y Oeste.

Ahora bien, nuestro observador entiende que el Sol ni sale, ni recorre, ni se pone. Se expresa así porque es una forma de describir lo que ve, ya que sabe perfectamente que todo es un efecto de la rotación inclinada del planeta, que es el cuerpo que realmente se está moviendo. Por este motivo también sabe, y esto es lo importante, que la inclinación del eje del mundo se puede determinar de una manera sencilla midiendo, desde donde se encuentra, el desplazamiento del orto o del ocaso del Sol sobre el horizonte entre un solsticio y un equinoccio.

 

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